NUEVA YORK – Willie Colón ha confesado que nunca hubiese sido lo que es, sino fuera porque un día, se cruzó en su camino Héctor Juan Pérez Martínez, el jibarito del barrio Machuelo de Ponce, Puerto Rico, quien a los 17 años llegó a Nueva York y de empezar actuando en bares de poca monta, sería luego, “El Cantante de los Cantantes”, el inigualable Héctor Lavoe.
Colón que había creado su banda con apenas 15 años, sentía que le faltaba un vocalista que pusiera algo de orden a su peculiar estilo de interpretar desafinado su trombón.

Lavoe que presumía desde siempre de su capacidad interpretativa, accedió una noche a cantar en la banda de Colón sólo por probar. Tal fue el éxito, que la fusión entre ambos es considerada la dupla más extraordinaria de la historia de la salsa.
Lavoe fue la reedición de los trovadores de los que da cuenta la humanidad en sus inicios. Aquellos que iban con su pregonar cantando crónicas de la vida diaria, amores, desventuras y conquistas de lejanos lugares.
Lavoe puesto en nuestro tiempo fue el cantor del estado llano. Acaso la voz de las masas populares que en sus canciones sentían reflejadas todas sus vivencias resumidas. Por eso, cuando Héctor murió un día caluroso de verano como el de hoy hace 23 años, Nueva York, que fue el epicentro de su inspiración urbana, lloró, cantó y bailó su música, como nunca antes.



